ENCAJONADO
Siempre estamos y vivimos, como presos,
en una localización determinada,
en una parte del mundo, pues carecemos del don
de ubicuidad y porque los desplazamientos resultan,
además, costosos, al no disponer
de la capacidad de teletransportarnos.
Y esta única posibilidad de ubicación
el ánimo nos embarga y nos oprime
el pecho, y limita en todo momento nuestros
movimientos, pues no podemos estar,
a la vez, en otra ciudad del norte
europeo o en una pequeña localidad
rural, o al lado de los canales y de los puertos
de leyenda o sobre la torre
que seda vistas al Mediterráneo. Estamos un poco
presos y un tanto cariacontecidos avanzamos
porque, en realidad, valemos poco, siempre instalados
sobre una parte del mundo y no en los lugares,
que son como imágenes que retenemos
en la memoria, que ya hemos visto en algún
reportaje en la tele, o en el cine,
o en algún panfleto publicitario.
Gaspar Jover Polo