Cuando ha sido traicionada la confianza
que sostiene cualquier tipo de relación,
la primera lealtad que permanece intacta es la que uno ha de conservar hacia sí mismo.
Porque la dignidad
ni cae del cielo,
ni se compra, ni se vende,
ni depende de terceros.
Y así, abriéndose paso entre rosas y espinas,
bajo la ecuación infalible:
enfrenta, acepta, suma y sigue.
No hay logro más genuino y singular que vivir emancipado emocionalmente,
ni mayor libertad
que saber que se está aquí para dar, y convertir ese saber en acción.