Con una abertura mínima,
de esas por donde las llaves
aprenden a quebrar el candado,
me bastaría.
Entrar sin ruido,
colarme en tu vigilia
y conversar frente a frente
hasta que el sol
nos recuerde que debemos despertar.
Cómo decir que te extraño,
si aún no sucede
esa mirada clara
que limpia los restos de la noche.
Quedan pendientes:
el insomnio sediento de besos,
las palabras que no dormimos,
los gestos escritos en un presente
que insiste
y no se deja nombrar.
No sabemos si este ahora
devendrá regalo,
luz,
espíritu
o simple azar.
Pero mientras,
yo golpeo el tiempo
con una llave pequeña
y espero...
Espero que abras.