Ven,
abre el domo del eco
que repite mi nombre.
Abre las puertas
y los ojos cerrados.
Busquemos en el parque
una silla vacía
y siéntate a mi lado.
Contemos hasta diez
mientras se apilan
se repliegan
retroceden
a su costumbre
de abandono
los jardines.
L.G.