Antonio Portillo

El telar


En el telar, el polvo de la lana
se cuela entre los dientes del peine.
Mi madre me enseñó este oficio:
contar los hilos, no los años.
Mis manos aprendieron antes que la lengua
a dar con el nudo,
con la hebra perdida.
A veces el deshilachado
es más honesto que la tela.
Tejo lo que no tiene nombre:
el color del cuarto donde alguien muere,
el peso exacto de una ausencia,
la temperatura del miedo
al caer la noche.
No canto.
Repaso.
Cada golpe del peine
es una pregunta.
La lana no responde.
El telar cruje
como una puerta que se abre sola.
En el revés, los hilos sueltos
dibujan un mapa sin nombre:
cruces, nudos, desvíos,
la geografía de lo que callamos.
Al cortar la tela del bastidor
no sé si entrego una manta
o un sudario.
Solo sé
que alguien, en algún lugar,
tendrá este tejido sobre el rostro.

 

Antonio Portillo Spinola ©