La paz no levanta armas,
El amor no mata.
La paz y el amor nacen en nuestras almas.
No nacemos con odio;
El odio lo enseñan los ciegos,
Aquellos que no comprenden la vida.
El ego levanta armas,
La venganza mata el alma,
Y el mundo comienza a arder.
La humanidad vive por la gracia de Dios—
Corazones que laten y han perdido el rumbo,
Culpando las armas de fuego rojo.
Culpa a todo lo demás,
Escóndete en el horizonte de sucesos de tu mente;
Pretende que no eres tú quien llama a la sangre.
Porque los ríos corren rojos,
Y la muerte debe llegar a todos
Los que no están “con nosotros.”
Ebrios de odio, seguimos marchando,
Creando campos de huesos,
Cultivando destrucción sobre la tierra.
La sombra de la muerte
Sigue nuestros pasos,
Pisoteando en silencio las almas ciegas.
¿Para qué sirve tanto matar?
¿Por qué seguimos a los hombres por este camino?
También somos culpables.
Estamos en la víspera—
La víspera de la destrucción,
La destrucción de nosotros.