Huir de las consecuencias de tu recuerdo…
en un extendido viaje por la ansiedad…
evitando caer en la aflicción,
posponiendo el desenlace final.
Se marcan las intrigas en la ruta habitual …
y es un desafío repetido continuar.
Me acostumbre tanto a vivir de tu ausencia…
que cuando me pongo melancólico…
adquiero más destreza para escribir,
pues fluye en mi sangre tu esencia…
como si fueras parte de mi,
y me considero tan intenso
que hasta creo posible…
poder conquistarte otra vez.
Sé que no vas a volver,
son solo mis arranques de demencia…
que me hacen fantasear con tu presencia,
son arrebatos de un insulso…
que aun sueña con tu regreso…
y no quiere soltar la última carta…
porque está consciente de cuánto dolerá.
Es una agonía demasiado lenta,
una angustia difícil de explicar.
Hay que estar en la piel de uno…
para poder entender la impotencia que experimento…
cuando te refugias en la nostalgia…
para poder sobrevivirle a la tristeza,
esa tristeza…
que es tan común en mi rutinario deambular.
Pero no quiero darte lástima,
no es justo recibir migajas…
cuando el corazón ya no es capaz de sentir,
es mejor aceptar la consumación de tu olvido…
y desaparecer dignamente…
sin arrastrarse,
sin derramar ni una sola lágrima más.
Te quiero…
y no puedo evitarlo,
aunque en realidad no lo comprendo…
porque no debería hacerlo…
ya que no he recibido nada a cambio,
ni un poco de tu compasión.
Ahora, en este apesadumbrado momento…
me voy a recluir en el silencio…
para dilatar este esquivo sentimiento…
que siempre termina por desvanecer…
esa, mi última ilusión.
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