La voz interior cosecha y siembra,
con simientes que deben alumbrar
pero oscurecen.
Las ideas mueren y antes son versos…
Los herreros en la oscuridad
creando amanecidas.
Hay reglas en desorden.
Es un sonido de mis entrañas
que ha aprendido con calma la rabia…
Hay una copia del alma perdida
siendo su naturaleza clara
arrastrándose hasta las alturas.
Son los francotiradores de los sentidos,
que afinan su puntería en los renglones,
con un ojo perdido en el horizonte.
Esta es la partida para un verso
un final con destino incierto
una jauría suelta en los renglones
expuesta al examen público.