Me sentía tan inmortal,hasta que empecé a ser consciente de mis latidos, la sangre que fluye por mis venas,con un tibio confort de estar tranquilo.
Mi respiración, el aire que llena mis pulmones,y exhalo, para darme cuenta que no soy inmortal.
Que el milagro de la vida en mí
no será eterno, y yo caminando como si el mundo fuese mío,
como si esa eternidad en este plano
negara mi fragilidad.
Soy hombre mortal, sintiendo el miedo, encontrando la verdad tras los errores, y el cielo se abre para vislumbrar la inmensidad de lo que me supera.