El que aguarde el eco de la eterna verdad,
abra su oído a la instrucción divina,
que en la quietud profunda de la inmensidad
el rayo de su gracia al espíritu ilumina.
Que no se tenga miedo a los oscuros silencios,
que no se tenga miedo a la verdad profunda,
que no se tenga miedo a encontrar la luz,
en un vuelo del ser que en lo alto se funda.
Que todo sea una voluntad de ansia de infinito,
que tu alma al fin sienta que todos somos uno,
que la llama brille en tu hoy infinito,
despejando las sombras, sin dejar ninguno.
Que todos nos convirtamos en red de verdadero amor,
hallando en la entrega la paz que fue perdida,
y que encontremos el verdadero sendero, sin temor,
que nos entregó el Cristificado en esta vida.
Y cuando el alma escuche la voz que no se olvida,
abierta a los misterios del Maestro tierno,
el Verbo sagrado sanará cada herida,
y hará de tu esencia un espíritu eterno.