Elizabeth Maldonado Manzanero

Advenimiento cumplido

Las frases que habrían de llegar
inevitablemente llegaron a mis oídos.

Cumplido el presagio de la desesperanza,
deslumbrada como cervatillo,
impulsada por un viento de furiosa hambre,
me acerqué a tus fauces.

Analfabeta de la lectura confusa
de tus manos conquistadoras,
sorprendieron mi inocencia,
acepté que lo que habría de suceder
sucediera.

Atraída por la espuma de tus aguas,
bebí tu cáliz,
que pronto se convirtió
en elixir de dolor.

Quedé atrapada en la miseria,
con la certeza infinita
de mi propia perdición.

Tus risueños ojos se desorbitaron.
La perversidad como rito de ultraje,
apagó todo vestigio de nobleza

Y el suelo virginal que pisoteaste
quedó marcado para siempre.

¡Qué manera de develar la noche!

Con manos de fuego,
todo fue incinerado.

Solo quedó
el vacío del corazón.