El presente se disuelve
en un instante.
Todo se esfuma,
todo se dispersa.
El dolor sucumbe,
el recuerdo se evapora.
Nada permanece,
ni siquiera las sombras.
La cólera se disuelve,
todo y todos se derrumban:
los templos,
los cuerpos,
las ideas.
Los actos dejan
a veces, historia.
Solo el tiempo permanece,
y se tatúa en nuestras arrugas,
entre los cabellos
y las ganas de vivir inmensamente.
Luego se marcha con nosotros,
silencioso,
hacia la tumba
nos deposita en tierra
y sigue su andar perenemente.