Antes que llegue el ocaso
a la extenuada Luna de julio
me vestiré de silencios
en la opalina luz
del cansado recorrido,
entonces ... haré brotar de mi dolido pecho
el fuego enajenado del olvido
para deshojarlo en cantos
y no expirar desterrado de mi origen
Aquella tierra que nutrió mis sueños
guardará en el fondo de su entraña
el paradigma que sembró mi empeño,
... al igual que una gota de consuelo
retomará del tiempo inusitado
lo que el tiempo sin afán olvida.
¿Quién soy? ... me siento ausente
dialogo con el viento, con el sol ,
con los caminos trillados ,
con el mutismo de las rocas
y hasta con los ríos que perdieron su cauce .
Veo en el follaje de las nubes
mensajes misteriosos que niegan mi presencia,
la imagen de la espiga que nació conmigo
aún guardada la ilusión que perdure en aliento.
Mi tesoro de anhelos coronados
con destellos fulgurantes
encienden la inocencia de mi infancia,
las conquistas de júbilos lozanos,
los reclamos inoportunos de voces apagadas
y hasta penas pintadas de esperanzas.
El horizonte celeste cierra el delirio de sinopsis
para enhebrar recuerdos
con aroma de nostalgia
de mis padres, de mis hermanos, de mis amigos.
Desde mi pueril existencia
sustenté mi palabra desnuda y verdadera
en libertad y armonía con el tiempo,
sentí la virtud de las aguas bautismales,
y la fragancia de la tierra al germinar el semen.
Disfruté de la noche cuajada de estrellas
que se filtraba por la tupida cabellera de los árboles
iluminando el terso y fragante nido de amor
que sin memoria y sin edades,
custodiaba el linaje del destino.
A la orilla del tiempo
la modesta sabía que creció dentro de mí
se quedó tatuada en el ámbito transparente de mi fé
cómo poema de amor ¡AL CAER LA TARDE!
Profr. Azahel Zagal García
7/Julio/2025