Sea mi muerte como la muerte de tu justo,
silenciosa en la paz, firme en la esperanza,
que la muerte me encuentre haciendo tu voluntad
y amando como Tú nos has amado,
con manos abiertas y corazón sin reservas.
Sea mi muerte un estruendo,
que haga temblar al mal,
que derrame su veneno contra mí
porque tu nombre he de anunciar
hasta el último aliento,
sin miedo, sin esconder la luz
que me confiaste.
Si he de derramar mi sangre,
que sea por tu amor,
y que de ella hagas brotar
la fe y la esperanza
en quienes la vean correr,
como semilla fértil en tierra sedienta.
Sea mi muerte amándote, mi Dios,
y amando al mundo como Tú le has de amar,
que en mi partida quede el eco
de una vida entregada,
y que mi final sea solo el principio
de tu amor multiplicado en la tierra.