Mi hermana.
Eres refugio cuando el mundo pesa,
la sonrisa que calma mis días
y la mano que siempre encuentra la mía
cuando más la necesito.
Compartimos recuerdos, risas y silencios,
momentos que el tiempo jamás podrá borrar.
Porque una hermana no solo comparte la sangre,
también comparte el corazón.
Gracias por estar en mis alegrías,
por sostenerme en mis tristezas
y por enseñarme que el verdadero amor
también se viste de familia.
Que la vida te regale tantos motivos para sonreír
como los que tú has sembrado en quienes te amamos.
Y que nunca olvides que, pase lo que pase,
siempre tendrás en mí un abrazo, un hogar y un corazón.
Te quiero, hermana. Hoy, mañana y siempre.