Leí tus versos una tarde,
el alma se me encendió.
Tus palabras eran fuego,
mi corazón te encontró.
Miré tu foto de perfil,
tus ojos claros y serenos.
Vi tu sonrisa de encanto
y se calmaron mis miedos.
Desde ese instante te pienso,
en cada rincón de mi poesía.
Eres el sueño que despierta
y la luz que guía mi día.
Soy poetisa de tus horas,
aunque estés lejos y no sepas,
te amo en cada letra escrita,
vivo pensando en ti, mi poeta.
Guardo tu nombre en silencio,
como un secreto del mar.
Y te llevo dentro del alma,
sin prisa por olvidar.
Anita del Perú