gaspar jover polo

PAISAJE MONTAÑOSO II

PAISAJE MONTAÑOSO II

 

Va corriendo todavía chispeante

el hilillo de agua,

sin menospreciar la belleza

de otros cursos más anchos y caudalosos,

paralelo a un puerto de montaña,

las misas curvas hace el uno y hace el otro,

por en medio de una existencia

que es sobre todo solar, dinámica

gracias a la energía que procede del salto

hidráulico, pero sobre todo del cielo.

Y por allí parece que brilla, en el fondo

del cauce, el líquido translucido,

por en medio de la vegetación de ribera

que resulta tan densa por los chopos, las zarzas

por lo olmos y mimbreras, tan variopinta

mezcla de verdes en todo su recorrido. Y esta es

su hermosura al completo,

su capacidad para impresionar al turista,

al caminante, al viajero

que acierta a pasar por este sitio.

 

Es un hilo de agua que nace

quién sabe dónde el causante

de esta aglomeración tan pintoresca

de zarzas, paraísos y mimbreras,

que se ha puesto a descender

desde ¿qué altura?, y a acumular

en su dos márgenes tal profusión

de especies a su cargo,

que tal vez se seque pronto

o se hunda definitivamente

unos metros bajo el suelo.

 

Gaspar Jover Polo