Yamel Murillo

PRAGMA

“Me besaste, no te importó irrumpir en la ducha. Me diste un abrazo casi hasta la asfixia mientras murmurabas:
 -Volví a ti.

Tus súplicas terminaron por vencerme y convencerme.

-Nadie más que yo te ha podido causar tanto daño.

Ese nudo que se amarró a mi voz cuando te fuiste, regresó en cuanto te vi; cuando te sentí metiéndote en mi alma otra vez. Cerré los ojos (no sé si por miedo a que todo se tratara de una trampa de mi tristeza o por la alegría que me recorría el cuerpo entero), pero la sensación en mis manos no podía engañarme. Tu aroma tan familiar y ese calor subiendo a mis brazos en medio de los tuyos eran realidad pura. No necesité ver, si así era como te estaba mirando.

La sonrisa se me aderezó con una lágrima traidora, de esas que guardé en la galletera para las tardes frías. Estaba llena siempre, porque siempre dejaba que me hirieses para tener que recurrir a ellas. Se me escapó una carcajada recordando mi firme propósito de no dejarte pasar si regresabas. Hizo eco en el baño entero y aunque no pude verme por lo empañado del espejo, sabía que reflejaba extasis de nuevo.

Tuve que retenerte un poco. Esa insistencia tuya de pedir perdón haciéndome recordar comenzaba a provocar sentimientos encontrados.

Permanecer contigo era el equivalente a encender esa hoguera que creí en cenizas y dejarte marchar… |”

 

 

Yamel Murillo

Terminando los deberes©

Fragmento 

D.R. 2019