El aire rugió
y la tormenta le arrancó
las plumas al colibrí
que desnudo pio entre la maleza.
El yo del poeta
buscó palabras nunca dichas,
rebuscó en los índices del diccionario.
En los libros antiguos que yacían
abandonados en la desidia de los tiempos.
No encontraba esa frase,
ese verbo que lo llevara al éxito
de su pensamiento hecho realidad.
Y entendió el poeta
que no hay palabras para narrar
la desnudez de la vida.