¿Ser o no ser poeta de este mundo,
y con la tinta dar a luz la herida?
¿Cantar la corrupción, malparida,
que en trono de mentira ha sido fecundo?
¿Tomar el verso como filo profundo
oh diseccionar la vida corrompida?
¿Nombrar la verdad desnuda y perseguida
con lengua que no tiemble ni se esconda?
Sí. Que el poeta sea juez y testigo,
que en cada rima ponga fuego y lloro,
que al tirano le arranque su abrigo.
Pues si no escribo el vicio y su decoro,
¿de qué me sirve el laurel ni el castigo?
Seré poeta... o no seré tesoro.
Jaime Correa © derechos reservados 2026