Elizabeth Maldonado Manzanero

Escucha.

Escucha,

solo escucha.

 

Estoy aquí,

y no es reproche:

al borde del sepulcro.

 

Siempre has estado aquí,

habitándome,

tejiendo mi historia,

diluviando incesante,

derritiendo mi arcilla.

 

Escucha.

Solo escucha.

 

Entre espasmos de amor

y lágrimas de desconsuelo,

me recorren las vértebras

y el pensamiento atormentado

de no poseer

aquello que tanto amo.

 

Escucha.

Solo escucha.

El dolor se ha hinchado

y ya no puedo contenerlo.

No existe analgésico que lo mitigue,

ni tiempo capaz de aniquilarlo.

 

Brotó, urgente,

ilusionado

con la esperanza

de que algún día

puedas,

siquiera,

mirarlo...