Escucha,
solo escucha.
Estoy aquí,
y no es reproche:
al borde del sepulcro.
Siempre has estado aquí,
habitándome,
tejiendo mi historia,
diluviando incesante,
derritiendo mi arcilla.
Escucha.
Solo escucha.
Entre espasmos de amor
y lágrimas de desconsuelo,
me recorren las vértebras
y el pensamiento atormentado
de no poseer
aquello que tanto amo.
Escucha.
Solo escucha.
El dolor se ha hinchado
y ya no puedo contenerlo.
No existe analgésico que lo mitigue,
ni tiempo capaz de aniquilarlo.
Brotó, urgente,
ilusionado
con la esperanza
de que algún día
puedas,
siquiera,
mirarlo...