Marvin Ramirez

No haberte conocido

Sacando cuentas y tras desandar los laberintos de tantas noches en vela, he llegado a una verdad ineludible.

 

Dicen los fríos cálculos que me habría sido más sencillo nunca haber cruzado tu camino; escúchame y dime tú qué sientes al mirarme al fondo del alma.

 

Yo habitaba en la quietud de una burbuja, creyendo que el mundo estaba completo, que era dichoso con lo poco y con lo mucho, sin saber que el vacío me habitaba. Llegaste así, sin anuncio, sin permiso, como un vendaval que trastoca las estaciones. Y aún hoy, a pesar de los calendarios y el polvo de los años, conservo intacta la memoria de ese instante: tus jeans de mezclilla y aquella blusa blanca que parecía hecha de luz.

 

Fue allí, en ese segundo exacto en que el tiempo contuvo la respiración, cuando comprendí que ya no me pertenecía, que me había enamorado con una fuerza inerme, y que solo me restaba ser espectador de esta historia escrita sobre mi propia piel.

 

Todo en ti se volvió mi religión: tu risa, la forma en que tu cabello negro se deslizaba lánguido sobre tu cuello —invitándome a seguir su curso hasta posarse en tu pecho—, y cómo esa blusa ceñía tu cintura. Lo demás... lo demás quedó guardado como un secreto sagrado en los abismos de mi imaginación.

 

Lo nuestro fue fugaz, un pestañeo breve donde el principio y el fin cabían en un mismo suspiro. Y, sin embargo, bastó ese destello para condenarme a pensarte durante el resto de mis días.

 

Comprendí que no sabía respirar hasta que te hallé fundida en mis brazos. Estaba ciego, ignorante de la belleza, hasta aquella vez que te vi desnuda, despojada de sombras. De pronto, el universo cobró sentido, se rasgó el velo de la costumbre y todo se pintó con colores que yo ni siquiera sabía nombrar.

 

Por eso, hoy que miro hacia atrás y deshago la cuenta inicial, sé que mentía: tenía que conocerte.

 

Porque solo gracias a ti supe lo que pesa y lo que redime la vida, lo que arde cuando se ama de verdad.

 

Y por eso, por haberme despertado del sueño, te estoy agradecido... para toda la eternidad.