Llevo un corazón homicida
escondido bajo el pecho,
un filo invisible
que a veces sangra en silencio
y otras veces grita.
Es un animal nocturno,
que acecha entre los recuerdos,
y arremete sin aviso
contra todo lo que late,
incluso contra sí mismo.
Corazón homicida,
que aprendió a amar y herir
con la misma fuerza,
que guarda cicatrices
como trofeos de antiguas guerras
peleadas en la sombra.
A veces quisiera huir de su sentencia,
despertar un día
y sentirlo inocente,
pero late y arde y muerde
con la culpa de los que han amado demasiado
y han perdido la compasión en el combate.
Corazón homicida,
que no busca redención,
solo un poco de paz en la batalla interna,
y que al final,
en el último latido,
puedas perdonarte—
y dejar de matar tus propios sueños.