Mientras las nubes muestran imágenes que solo tú ves,
y la lluvia traspasa la tierra, que te ha visto caer.
El viento te acaricia bajo la luz del mismo sol, fiel testigo de tu renacer.
Y hoy, como ayer, tú siempre: el mismo de ayer;
la misma partícula del mismo universo que te vio nacer,
que ha ido creciendo, sabiendo cuánto le queda aún por florecer.
Hoy, como ayer... tú siempre, el mismo de ayer.