—La partida—
La partida nunca tiene vuelta.
Imagina un adiós sin rencor, sin crueldad;
imagina un sueño tratando de entender
el paso de la vida.
Somos ingratos con los sueños,
con la apariencia inmortal,
con el deseo inútil
de preservar la inocencia.
Camina junto a mis intenciones desmedidas,
juega con mis pretensiones,
ignora mi desolada ingravidez.
No sueño por rivalidad; soñamos
por ignorancia,
por no permitir la mancillada desobediencia.
Intento crear, crecer y correr:
somos intensos.
El vuelo de una flor,
la sombra errante de una mariposa,
el camino trillado
al final de la noche,
son la virtud inconsistente
del alma desnuda.
Implóranos deseos, sentimientos y amarguras
al final de todos los tiempos.
Los sueños nos unen;
la vida es un largo peregrinar.
Ignórame por piedad,
por el sollozo de un grito ensordecedor.
Ódiame por el interés del verbo,
por el interés del bardo.