En la altiva cerviz del monte erguido,
donde impera la sombra y el espanto,
despliega el sol su luminoso manto
sobre el abismo de un error tendido.
Baña el astro aquel polvo inadvertido
que camina hacia el lúgubre no ser,
viendo el día en la noche fenecer
y el curso de la vida consumido.
Nutrid el alma de sagrado fuego,
purgad las sombras de la lid oscura
que interrumpe la paz del pecho ciego,
clama la voz en la sagrada altura.
Y el corazón, de vana pompa henchido,
cruza las estaciones de los años,
cosechando desengaños,
donde el tiempo deshoja, en su quimera,
no la flor, ¡sino la entera primavera!
L.T.
August 5, 2026