Una vida gestándose
en el vientre fértil,
nueve meses de espera,
un océano de emociones.
El destino, a veces,
sabe ser cruel:
bastó un trazo borrado
para alterar el ser.
La receta del mapa
exigía claridad;
solo entrelazar, nada más.
Pero una letra cayó de la espiral
y su mundo pequeñito
se volvió tempestad.
Confundió el código la sombra,
el error fue cascada:
se cerró la frontera
del rostro y la palabra.
Hoy oyes, ves, existes,
aunque la voz permanezca muda.
Piensas, escuchas, sientes,
mas el ADN te impone su bozal.
Sin embargo, al mirarte,
tus ojos son poesía.
No la dictas con voz
ni la escribes en el aire,
pero jamás te rindes:
tu sonrisa la canta.
Fe de erratas, dirá tu manual,
interruptor apagado en la penumbra.
No se construyó la carretera
que une el alma con el habla,
y aun así, aquí estás, en pie.
Con la luz de tus ojos,
con el trazo y el gesto,
desafías al mundo.
¡No hay barrera más grande
que la propia renuncia!