Dime en qué noche, solo dime
en cuál de todas las noches,
de todas sus estrellas
invaluables
perdidas entre las nubes
de la noche,
a mi ignorante oído
ha llegado tu voz;
a mi entrañable boca
han llegado tus labios.
Quizás nunca jamás te vi,
quizás nunca
tu vida se unió con la mía,
pero inseparablemente
un símbolo se apropia
de las iglesias y la política...
y toda religión e ideología
no es más que el deseo
insoportable
del ser humano de tolerar
la vida.
El marinero te llamará
sirena,
el mendigo te pedirá
monedas,
pero yo siento deseos
de aportarte, Julieta:
que el triste Keats te oiga
todos los días,
que el tan poco comprendido
Bukowski te vea por alguna
calle en camino a la biblioteca
pública,
que los pueblos te den sus
tierras para sembrar
el fruto de tu trabajo,
que antes de la guerra los
grandes emperadores te
inviten a los consulados para
conciliar la paz,
y que el ruiseñor
que pasa todas las mañanas
en el mismo parque
se exalte y arda de amor.