Eduardo Villacal (seudónimo)

Te confieso

Te confieso que aún te pienso
y no sé muy bien qué hacer con eso.
Porque no sos mi presente, eso está claro,
pero tampoco, o no del todo, mi pasado.

Sos como esas cosas que uno guarda
sin saber por qué o para qué las guarda.
Tenías los ojos más lindos que vi,
eso seguramente lo sabías,
y una risa, tu risa, que -qué puedo decirte-
todavía me desarma.

Hace años ya que no te veo,
demasiados para contarlos sin cansancio.
Y, sin embargo, volvés y no sé cómo.
Empezás los lunes, durás toda la semana
y te quedás como quien no se olvidó de nada.

A veces estoy a punto de nombrarte.
No sé si porque quiero o me hace falta.
Y tengo miedo de nombrarte.
Y también de no nombrarte.
Ya perdí el oficio de decir tu nombre.

Te confieso que no me decido todavía
si aún te amo o si amo
esta absurda costumbre de extrañarte.

Lo cierto es que en algún rincón
seguís estando un poco.
Un poco más que un poco.
Y yo, con la melancolía a cuestas,
sigo dejándote quedarte.