Qué dulce incendio
el de pensarte.
Me llamas
sin decir mi nombre.
La noche
también me reclama.
Y en su silencio
te desabrocho la distancia.
Que el tiempo ceda.
Que el deseo
encuentre el camino.
Y nuestros cuerpos,
al fin,
confiesen
lo que el alma
ya sabe.
— LMML