Son el color de las venas de tus brazos
al entrar en contacto conmigo,
con el rocío bendito de la mañana
en tu frente, que con tu vaivén me baña
en amor, sublime como divina gracia.
Eres la droga que mantiene en vela mis madrugadas,
la audacia silente de mis pasos
hacia tu firme aura,
la razón para seguir presente
dentro de estas cuatro paredes.
Significas tanto para mis faltas de fe;
el arroyo bendito que se lleva mi hiel,
la calma energizante que me llena de bien.
Eres todo y nada,
lo que se supone que nadie ve,
pero estás frente a mí,
atado en ramo que no puedo dejar de oler.