Francisquico

En la noche de bodas

En la noche de bodas,

cuando me cubrís el alma 

con un mar de besos

y el cuerpo responde en suspiros.

 

En esa noche

en que los ojos oyen,

los oídos ven,

y la respiración juega al escondite

entre el ruido y el silencio.

 

Me basta tu presencia para descansar,

me basta saber que estás aquí para sonreír,

me basta pensarte

para que el corazón tiemble.

 

Y cuando mi boca

roza la hermosura de tu cuerpo,

¿Acaso es real? 

 

Tan real que el paladar lo adhiere suavemente para prolongar dicho tiempo, 

tiempo de unión entre el creador y el creado.

 

En la dichosa noche de bodas,

donde todo parece desordenarse

ante aquel que todo lo ordena,

la noche se vuelve más día que noche,

y el cuerpo muere mientras el alma florece.