UNA CASITA EN MÉXICO
La casa del profesor Amalfitano
en el norte de México era un edificio
austero, aunque reuniera, en su interior,
las principales comodidades.
No era un edificio grande, amplio
pero disponía, en compensación, de un jardín,
mínimo, modesto, por detrás de la casa
en el que colgar, si le acaso apeteciera, un libro
en la cuerda de tender la ropa.
De una planta solamente, le daban de lleno
los rayos del sol muy fuerte
en todo su recorrido.
Pero a continuación la luna
se abría paso y brillaba
también en todo su recorrido,
un gran gesto que el profesor
Amalfitano sabía gradecer
con emoción cada noche.
Gaspar Jover Polo