Podría despejarte de los dedos temblorosos.
El sudor que moja nuestras sábanas a las tres de la mañana.
Lo que te drena, en lugar de dejarte estar.
Podría entregarte al murmullo de medianoche.
Podría ahorrarte la ida al callejón.
Podría dejar pasar
El grito
Lo que dijiste sobre nuestra casa.
Podría llevarte lejos
A un lugar donde nadie pregunte
Y solo tú respondas.
Incrédulo ante la serenidad que se esconde bajo mis manos,
en mis pupilas.
En la entrega.
Un recordatorio del despellejo
en plena abstinencia.