Refugiada en la fantasía,
en la pereza de la mañana,
en el silencio y la niebla
de mi conciencia.
Soy un ser improvisado
que encuentra su continuidad
en la muerte de cada día.
Nací
bajo el miedo,
refugiada en el engaño,
y camino hacia el destino
de todos aquellos que vivimos
sin haber sabido disfrutar la vida.
Estoy cansada
de este destino absurdo
y ordinario.
Mi alma, insípida,
ya no soporta
más tedio
ni más cobardía.
Llevo la marca del veneno
tatuada en la memoria.
Con el libre albedrío jugué
y perdí;
el sortilegio se cumplió,
y aquí estoy,
rozando la locura.
Con la fiebre por lo alto
e invadida de tu sombra,
transitas libremente
por las paredes de mi piel,
te anidas delirante
y permaneces oculto
en las mentiras impiadosas
de tu exquisita boca.