Bruno Gatica 1

Cuando Dios sana

A veces creemos que la parte más difícil de la vida es el dolor. Pero no, lo más difícil es intentar sonreír mientras el corazón se rompe en silencio, es levantarse cada mañana con la esperanza de que algo cambie y descubrir, que al caer la noche, las preguntas siguen siendo las mismas, hay cansancios que el cuerpo no conoce; solo los entiende el alma.

 

Sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando Dios suele acercarse con mayor ternura. No siempre para quitar la tormenta de inmediato, sino para sentarse a nuestro lado mientras pasa. Él no se incomoda con nuestras lágrimas, ni se decepciona de nuestras dudas. Nos ama incluso cuando ya no encontramos palabras para orar.

 

La paz de Dios no consiste en una vida sin problemas, es la certeza de que, aunque el camino sea incierto, nunca tendremos que recorrerlo solos. Él sigue sosteniendo nuestra historia cuando sentimos que todo se desmorona. Sigue escribiendo esperanza en las páginas que nosotros llamamos fracaso.

 

Tal vez hoy no tengas fuerzas para dar grandes pasos, está bien, Dios no te pide velocidad; te pide confianza, a veces, el acto de fe más grande es simplemente no rendirse, es abrir los ojos una vez más y creer que su amor sigue siendo suficiente para este día.

 

Si tu corazón está cansado, descansa en Él, no porque tengas todas las respuestas, sino porque Él permanece cuando todo lo demás cambia. Y un día comprenderás que las noches que más te hicieron llorar también fueron aquellas en las que Dios, en silencio, comenzó a sanar las heridas que nadie podía ver.