Cómo leer a los poetas
No se lee al poeta solo con los ojos,
ni se mide solo por lo que escribió;
hay que leerlo con el alma abierta,
respirando el aire que lo inspiró.
Lee despacio, como quien recoge
agua clara que apenas se atreve a correr;
cada verso guarda un latido oculto,
cada palabra sabe a padecer y a nacer.
No busques solo el sentido de la frase,
busca lo que calla entre renglones;
el poeta dice lo que el alma siente,
y a veces lo más hondo no se dice, se pone.
Lee su vida, lee su tiempo y su tierra,
lee lo que amó y lo que le dolió;
que nadie canta lo que no ha vivido,
y nadie escribe lo que no le pasó.
Pon tu corazón junto al suyo un instante,
deja que su voz se mezcle con la tuya;
entonces comprenderás lo que dice,
y lo que no dice, también lo suyo.
Leer a un poeta es volverse un poco él,
es ver el mundo con sus mismos ojos;
es reconocer tu propia voz en su palabra,
y tu propio latido en sus desvelos.
Porque el poeta no escribe para que lo entiendas,
escribe para que sientas lo que sintió;
y al leerlo, descubres maravillado,
que lo suyo… también era tuyo desde siempre.