Roma.

Improlijo

Qué palabra tan improlija se vuelve al hablar de vos.

Porque cuanto más te veo en esa versión que vos tanto cuestionás, más me aferro a cuanto te quiero.

Improlijo, como vengo diciendo.

Me despierto y te veo. Con la guardia baja, tranquilo, sin ninguna prisa. Y aun teniéndote al lado, te añoro.

Hay algo en vos, así, desarmado, que me hace un clic en la cabeza. Y me dice, con toda la paciencia del mundo:

“No quiero cambiar nada de esto. Lo quiero todo.”

Te extraño incluso cuando estás cerca. Porque estoy enormemente enamorada de vos. Tanto, que hasta cinco minutos lejos ya me saben a ausencia.

Te amo.

La vida me premió con vos.

Hoy descanso en vos. Y mañana, ojalá vos también descanses en mí.