Calles, selva de luces,
laberintos agrietados
donde renacen los recuerdos.
Peregrinación del cansancio,
geografía que edificamos,
lugar donde nuestras pobres anclas
arrojamos
y vagamos.
Podrido ser
al que adherimos
los harapos de la tristeza y la alegría,
entre filas multitudinarias
y jornadas de trabajo.
Ciudad surcada de momentos,
remolino protector
de nuestras esperanzas
pasadas y futuras.
Murmullo de conflicto y de romance,
donde nuestras voces
se encuentran
o se pierden...
Calles de ascenso interminable,
casas de canto
y de silencio.
Ciudad de vida,
ciudad de muerte,
abrevadero de luces
y fatiga extrema
de niños, hombres y mujeres.
Ciudad donde transcurrimos
como una palabra
que nace,
tiembla,
y finalmente
se desvanece.