Morirse de risa,
morirse de prisa,
morirse de comedia.
Morirse de sueño,
morirse sin sueños,
morirse por curiosidad.
Y así andar por la vida,
muriéndose todo el tiempo:
de frío,
de hambre,
de traje,
de ternura,
de sisa,
de holgura.
Morirse de susto,
morirse aterrado,
morirse consciente,
sin estar sepultado.
Invitar a la muerte
a posar a tu lado,
y robarle la vida
que ya se ha quedado.
Morirse de amor,
de ganas,
de deseo,
de obstinación.
Morirse fingiendo,
morirse de veras,
creando ríos
de oraciones
y calaveras.
Morirse solemne,
morirse en serio,
de todas las formas:
excepto de aburrimiento.
Que eso no ocurra
ni aún en tu propio entierro.