MatiasEmmanuel

Errante y Cansado

Me duele la tierra pisada de prisa,

la sombra que arrastro por no sé qué mal.

Ya no tengo patria, ni llanto, ni risa,

ni un puerto seguro al final del umbral.

 

Voy viejo de años, cansado de rutas,

cargando el bulto de un tiempo perdido,

andando por sendas que son absolutas,

mirando hacia un cielo que se ha endurecido.

 

No soy de este suelo ni de la distancia,

el viento me cruza sin darme un lugar.

Perdí en el camino la última infancia,

y no hay un espejo que quiera nombrar.

 

Tan solo este vaso que apura la pena,

el humo espeso que corta la voz,

y el frío del fierro que promete descanso

de este desatino que rompió el reloj.

 

Que llueva en la pampa o calle la estrella,

da igual el paisaje si adentro es invierno.

Ya crucé la línea que no deja huella,

ya me despedí de este mundo moderno.

 

No busquen mi nombre grabado en la piedra,

no hay patria para este que sabe perder;

la noche me abraza, la muerte me alegra,

y apago el camino... porque ya no sé ver.