Es probable, casi seguro, que la verdadera sustancia aditiva hoy sea el yo, este yo profundo e idiotizante que muchos arrastran. Por este hecho son tan populares las drogas que existen y nos embrutecen como lo hace, por ejemplo y entre otras, las redes fecales, la desmemoria o la ignorancia más profunda por falta de conocimiento. Con el tiempo, y a veces, uno cree convencerse que se aprende mucho, o tanto, de los ignorantes a propósito de serlos y de los que saben más, o lo parecen: Los ignorantes no tienen miedo al ridículo, están convencidos de que sus estupideces serán siempre comprendidas y aceptadas - de ahí las ingentes cantidades de lecturas, aunque sin comentarios, claro -, basta con que les lean esos tantos otros de su misma condición.