Y decir que fue el eco de tu suspiro
quien trajo lo que tragué.
Decir que tu boca era una mina de soldados
descuartizados en un mar cálido.
Niños con tacones y corbatas
que ríen con tus besos.
Adultos con chupetes
que lloran con tus pasos.
Y nos mentimos cada día contigo.
Decir eso es poco,
pero decirlo es regalarle al conejo tus ojos,
mantenerlos,
y en ese suspiro
encontrar la carroña bebida.
Y decir que sin ti,
sombra nuestra,
seríamos tontos
y felices.