Descansar en una esquina
apacible de la casa
y abandonar las horas locas.
Cerrar los ojos
y estar así, para fugarnos.
Visitar mundos imaginarios
con la tranquilidad de la gaviota
y construir versos azules
que abracen siemprevivas
y violetas.
Porque se viaja mejor
en el poema,
en la cadencia de
algún suave verso
y en la dulzura
de la tarde clara.
L.G.