Un día miré a la luna y le dije:
\"Oye, qué hermosa estás.\"
Ella volteó a verme y sin empatía se empezó a carcajear.
Yo que fui sincero, la miré mal, esperando su respuesta o marcharme sin mirar atrás.
Luego de varios días ella se dignó a parar.
Sus burlas cesaron y sus lágrimas de risa se convirtieron en sal.
Con una sonrisa maliciosa me devolvió el mal mirar, y aprendí que no debo ver mal a alguien que mi corazón decidió amar.
Ella con sobredosis de amores me vio y dijo:
\"No me interesas ni siquiera para salir a caminar.\"
Entonces la vi y empecé a sollozar.
Me di media vuelta y la solté para no verla más.