Gustavo Echegaray

EL MAR Y LA ROCA

Miro el mar golpear la roca,
bajo un cielo sin contornos.

 

Llegan las olas

una tras otra

ellas cumplen, sencillamente,
con el oficio de llegar.

 

Las rocas no tienen prisa.
El mar tampoco.
Cada uno conoce su destino
y ninguno renuncia al suyo.

 

Quizá la vida sea eso:
abrazar lo que no cambia,
sin dejar que el corazón
aprenda la dureza de la piedra.

 

Llega la noche cubriendo todo.
El mar insiste en su bramido,
las rocas, en su callar.
El tiempo dirá quién cambia a quién.