Autor: Darío Daniel Lugo
Donde todo tiende a desaparecer,
donde lo innombrable deja de ser,
se abre el no-lugar: espacio de oscuridad
que despoja a la luz de su indeciso destello.
Recorro umbrales de abismos infinitos,
sin suelo, sin vértices ni montañas;
silencios olvidados en portales
de espejos negros que aguardan.
Las sombras reveladoras llaman como imanes.
Ya no tengo nombre ni carne;
dejé de ser hombre de tierra
para desvanecerme en el confín.
Allí donde la luz no puede tocarme ni mentirme,
cristales rotos de sangres negras
caen en la vacuidad sin fin,
mientras el Yo renace en el silencio.