Tu llegaste a mi vida sin aviso
cuando calma reinaba en mi existencia
penetrando mis sueños sin permiso
y llenando mi estancia con tu esencia.
A tu aroma quedó mi amor sumiso
por tu bella y celeste incandescencia
para luego, con traje de la insidia
me clavaras puñal de la perfidia.
Sin tenerte a mi lado fue mi vida
gran estepa de ensueños y pasiones
do nacía la flama que encendida
conquistaba rebeldes corazones;
y evitando de amor flagrante herida
esquivaba los dardos de traiciones
porque mi alma vestida de estoicismo
detenía las zarpas del cinismo.
Un esclavo me hiciste de tu encanto
consiguiendo te amara ciegamente
y ofreciendo de amor mi dulce canto
te brindaba pasión con fuego ardiente;
pero a cambio me diste desencanto
con infame traición tan inclemente
que me siento morir de pena enfermo
pues hiciste mi sueño árido yermo.
Envuelto con un manto de falsía
el timbre de tu voz me aprisionaba
y viendo tu belleza que fulgía
el alma de ilusión se me llenaba.
Con esa tu sonrisa que ofrecía
el beso seductor que embelesaba
ponías en su néctar la cicuta
que diste a mi soñar de forma astuta.
Tu imagen convertiste en mi locura
y versos de tu estampa florecieron
que plenos de delirio y de ternura
tus formas en estatua convirtieron.
Lograste que perdiera mi cordura
con ansias vehementes que nacieron
que tu con impiedad las has destruido
dejando mi sentir sin fe y perdido.
En tu dulce mirar tan fascinante
yo miraba la luz de mi destino,
pues tan claro, vivaz y deslumbrante
de los cielos tenía halo divino;
siendo sol que alumbró mi pecho amante
con el brillo mas regio y purpurino,
el que ahora se vuelve grande pena
que a pesares mortales me condena.
Lo mismo que un borracho cuyo vicio
su orgullo y pensamiento le ha nublado,
hiciste mi razón salir de quicio
y amarte como nunca había amado;
logrando con mentiras que mi juicio
quedara con tu farsa sepultado;
que pienso fue castigo el encontrarte
y lleno de ilusiones venerarte.
Tu amor, fue de mi amor tan noble y bueno,
una fuente de amargos sinsabores,
porque tu alma nacida en negro cieno
sólo ofrece amarguras y dolores;
los que portan mortífero veneno
que destruyen de un sueño sus fulgores
y cual sierpe que habita en el desierto
de traición y maldad eres injerto.
Yo pensaba mil versos componerte
como trinos de místico canario
y en mi lecho por siempre poseerte
convirtiendo tu amor en mi santuario,
y mi vida y mis sueños ofrecerte
cual si fueran las cuentas de un rosario;
mas la hiel de la infamia me brindaste
y en la cruz del engaño me clavaste.
Y por eso te ofrezco al despedirme
desde el alma el perdón a tu bajeza
ya que cruel y sutil supiste herirme
con la daga mortal de tu vileza
la que supo con arte convertirme
en mendigo de amor por tu belleza:
¡Pero ahora con traje de guerrero
a tu encanto lo tiro al basurero!
Autor: Aníbal Rodríguez.