He comprendido que no se trata de llegar intacto, sino de conservar la capacidad de mirar un árbol, escuchar la lluvia, estrechar una mano, amar sin garantías, y agradecer que el corazón todavía encuentre razones para latir un día más.
Eso, quizá, sea vivir:
Porque hay que seguir el viaje, aunque nadie pueda prometer el próximo paisaje.
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Rafael Blanco López
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