No voy buscando en el mar
la senda cierta del destino;
que no hay rincón bajo los cielos
que no resplandezca divino.
No pregunto a la ladera,
ni al cauce manso del sendero;
lo encuentro en toda ribera,
y en ninguna soy viajero.
No persigo la fortuna
en el recoveco de las memorias;
ni busco el amor, pues sabe
más que el destino y el tiempo.
Mi destino es un abrazo
donde mi espíritu reposa;
el paraíso de tus brazos,
la eterna luz de cada rosa.
En los laureles de tu alma
mi esperanza se ha dormido;
y en el jardín de tu semblante
mi dolor quedó vencido.
Y en el cielo de tu rostro,
cual alba de claro estío,
bebió mi alma la dulzura
que apacigua el desvarío.